Diferentes criminólogos han coincidido con la
clasificación de los delincuentes juveniles, se han identificado plenamente 6
categorías:
1.- El DELINCUENTE PANDILLERO LADRÓN
Este transgresor incurre en diversos delitos contra la propiedad ajena, incluyendo robos con escándalo y latrocinios graves. También suele hallarse comprometido en actos de vandalismo, y en transgresiones de índole sexual. Este tipo de delincuentes se muestran muy versátil en sus delitos, sin embargo se siente atraído hacia lo que deja dinero en efectivo.
Se suele catalogar a estos jóvenes como “pandilleros” por sus frecuentes lazos de asociación con otros delincuentes. Sin embargo, la afiliación pandilleril que demuestran es de muy diversos grados, desde donde participan pandillas numerosas o bien organizadas, hasta la comisión de delitos donde participan dos o tres. Finalmente estos jóvenes suelen ir cambiando de cómplices en su trayectoria delictiva.
Los individuos aquí clasificados manifiestan actitudes antisociales: marcada hostilidad hacia los agentes de la policía, de las instituciones correccionales y, en general, también hacia los ciudadanos apegados a la ley. Su idea de la vida es que no hay nadie que no esté envuelto en algún “negocio turbio”. En general, en toda actividad delictuosa de este tipo de transgresores se ve claramente que se consideran a sí mismos víctimas de una sociedad que niega toda clase de oportunidades a las personas que son como ellos.
Generalmente los transgresores clasificados en este tipo tuvieron que ver con la policía desde una edad temprana, y muchas veces, el número de sus experiencias policiacas es mucho mayor a la del adulto. Los tribunales para menores han tratado de rehabilitar a delincuentes de esta índole. Sin embargo, los pandilleros ladrones consideran a los representantes de la ley y de las instituciones rehabilitadoras como “farsantes”.
2.- EL DELINCUENTE
PANDILLERO PENDENCIERO
Este tipo lo forman adolescentes
varones que son miembros de “pandillas de vagos” que merodean en las calles y
se dedican a buscar problemas. Gran parte de la actividad de estos
transgresores no es delictuosa, pues se dedican a “vagabundear”. Algunos de estos jóvenes experimentan
con drogas enervantes, y otros se preocupan por las satisfacciones sexuales. A
veces también incurren en actos de latrocinio pero no en la misma forma
sistemática, ni con la frecuencia de los adolescentes del tipo anterior.
Los pandilleros pendencieros si pertenecen a organizaciones delictuosas bien definidas y que inclusive ostentan emblemas y distintivos en el vestir. En estos delincuentes es más acendrado el sentimiento de pertenecer a una pandilla y los amigos se hacen casi exclusivamente dentro del mismo clan.
Los pandilleros pendencieros si pertenecen a organizaciones delictuosas bien definidas y que inclusive ostentan emblemas y distintivos en el vestir. En estos delincuentes es más acendrado el sentimiento de pertenecer a una pandilla y los amigos se hacen casi exclusivamente dentro del mismo clan.
Estos transgresores se conceptúan a sí mismos
como miembros de una pandilla rebelde. La mayoría de los pandilleros
pendencieros no piensan que son aprendices en la carrera del crimen, ellos se
ven a sí mismos como partidarios en dicha carrera criminal.
Giran alrededor de una idea central que consiste en creer que el mundo les niega casi todas las oportunidades. No es tanto que le disguste la idea de trabajar, sino que duda muchísimo de tener la oportunidad de conseguir un trabajo ventajoso. La base de sus actitudes antisociales está en la hostilidad hacia la policía a la que acusan de no saber comprender sus sentimientos como miembros de una pandilla.
La Trayectoria de este tipo se inicia hasta los años de la adolescencia. La afiliación con estos delincuentes culmina en actos repetidos de riñas callejeras y de otra índole delictuosa.
El pandillero pendenciero suele tener muchas oportunidades de entrar en contacto con instituciones comunitarias que van “fichándolo” como mal elemento. Cuando participa en actividades comunitarias termina siendo expulsado por su comportamiento agresivo y su disposición a provocar agitaciones.
Otra experiencia frecuente en estos jóvenes es la de los altercados con la policía, sin que proceda en la mayoría de estos casos una diligencia de carácter oficial. El resultado de estas experiencias es que formen sentimientos de hostilidad para con los representantes de la ley y de los organismos sociales o de rehabilitación; sin embargo, tal parece que no llegan a quedar iniciados para tomar la delincuencia adulta.
Giran alrededor de una idea central que consiste en creer que el mundo les niega casi todas las oportunidades. No es tanto que le disguste la idea de trabajar, sino que duda muchísimo de tener la oportunidad de conseguir un trabajo ventajoso. La base de sus actitudes antisociales está en la hostilidad hacia la policía a la que acusan de no saber comprender sus sentimientos como miembros de una pandilla.
La Trayectoria de este tipo se inicia hasta los años de la adolescencia. La afiliación con estos delincuentes culmina en actos repetidos de riñas callejeras y de otra índole delictuosa.
El pandillero pendenciero suele tener muchas oportunidades de entrar en contacto con instituciones comunitarias que van “fichándolo” como mal elemento. Cuando participa en actividades comunitarias termina siendo expulsado por su comportamiento agresivo y su disposición a provocar agitaciones.
Otra experiencia frecuente en estos jóvenes es la de los altercados con la policía, sin que proceda en la mayoría de estos casos una diligencia de carácter oficial. El resultado de estas experiencias es que formen sentimientos de hostilidad para con los representantes de la ley y de los organismos sociales o de rehabilitación; sin embargo, tal parece que no llegan a quedar iniciados para tomar la delincuencia adulta.
3.- EL DELINCUENTE
PANDILLERO OCASIONAL
En algunos casos, los
pandilleros ocasionales participan en riñas, y otras veces cometen robos y
vejaciones. En su edad más temprana, no es posible distinguir por sus
actividades delictuosas.
Los actos delictuosos se perpetran en compañía, en ocasiones bien afiliados y, en otras, un tanto desarticulados; sin embargo, es muy común que este transgresor cometa sus fechorías sólo por “diversión”. Lo que es más, el grupo de delincuentes, se miran como acompañantes ocasionales, no asiduos, estos delincuentes aparecerían clasificados marginalmente; es decir, sus compañeros verían en él una especie de “agregado” sin darle mayor estima.
Estos transgresores ocasionales no se consideran a sí mismos “delincuentes”. Si bien es verdad dan muestra de percibir lo que es un pandillero ya que si pasan por ser “verdaderos delincuentes”. Su identificación con las normas más profesadas y su propia intervención en ellas tienden a ser mínima; y más bien ve a sus compañeros como los tipos que le conviene tener cerca.
Los pandilleros ocasionales muestran cierta hostilidad hacia la policía, sin embargo, si consideramos que casi todas las personas que pertenecen a la clase obrera muestran algún grado de hostilidad para con la policía, resulta que las actitudes “antisociales” de este transgresor no resaltan especialmente en los medios donde se mueve.
Los delincuentes ocasionales se inician a menudo desde su edad temprana y en algunos casos continúan delinquiendo durante varios años; otras veces ponen fin a sus malos hábitos relativamente. El desenlace en la delincuencia ocasional viene a ser un reajuste en la vida adulta y la conversión a ciudadanos honrados.
Debido a que sus transgresiones son menos graves y frecuentes que la de los pandilleros clasificados. Casi siempre este grupo tiene contactos de tipo informal en donde la policía hace sus advertencias, pero se abstiene de hacer una acción mayor.
Los actos delictuosos se perpetran en compañía, en ocasiones bien afiliados y, en otras, un tanto desarticulados; sin embargo, es muy común que este transgresor cometa sus fechorías sólo por “diversión”. Lo que es más, el grupo de delincuentes, se miran como acompañantes ocasionales, no asiduos, estos delincuentes aparecerían clasificados marginalmente; es decir, sus compañeros verían en él una especie de “agregado” sin darle mayor estima.
Estos transgresores ocasionales no se consideran a sí mismos “delincuentes”. Si bien es verdad dan muestra de percibir lo que es un pandillero ya que si pasan por ser “verdaderos delincuentes”. Su identificación con las normas más profesadas y su propia intervención en ellas tienden a ser mínima; y más bien ve a sus compañeros como los tipos que le conviene tener cerca.
Los pandilleros ocasionales muestran cierta hostilidad hacia la policía, sin embargo, si consideramos que casi todas las personas que pertenecen a la clase obrera muestran algún grado de hostilidad para con la policía, resulta que las actitudes “antisociales” de este transgresor no resaltan especialmente en los medios donde se mueve.
Los delincuentes ocasionales se inician a menudo desde su edad temprana y en algunos casos continúan delinquiendo durante varios años; otras veces ponen fin a sus malos hábitos relativamente. El desenlace en la delincuencia ocasional viene a ser un reajuste en la vida adulta y la conversión a ciudadanos honrados.
Debido a que sus transgresiones son menos graves y frecuentes que la de los pandilleros clasificados. Casi siempre este grupo tiene contactos de tipo informal en donde la policía hace sus advertencias, pero se abstiene de hacer una acción mayor.
4.- EL DELINCUENTE
CASUAL NO PANDILLERO
Sus transgresiones son relativamente ligeras e infrecuentes de los adolescentes que tienen disposiciones “latentes”. Estas pequeñas transgresiones van desde el hurto de menor cuantía, el manejo de vehículos sin licencia, fumar y emborracharse, hasta ciertos actos de vandalismo. En algunos casos llega a causar graves daños, pero esto sucede con mayor excepción.
Estos transgresores operan en compañía de otros jóvenes que no pasan por delincuentes ante la sociedad de adultos; ni tampoco se consideran tales ellos mismos. El grupo se dedica a las actividades lícitas que son ordinarias entre jóvenes, pero no falta quien o quienes cometan de vez en cuando, alguna infracción a la ley. Dentro del grupo no se pierde prestigio por haber participado en algún delito, pero tampoco se consigue con ello una mayor reputación.
Estos jóvenes guardan de sí mismos un concepto de no delincuentes. En el caso de llegar a ser aprendidos suelen reconocer que obraron torcidamente, y tienden a exhibirse como apesadumbrados y avergonzados. Los transgresores miran sus delitos como una diversión, no como manifestaciones de verdadera delincuencia.
Quienes pertenecen a este tipo se caracterizan por mantener actitudes pro sociales; no muestran hostilidad marcada para con la policía y trabajadores sociales.
Las actividades delictuosas se inician a muy diversa edad, prevaleciendo la época de los 13 a 19 años. Los delitos son muy pocos en número y casi nunca graves; dejan de cometerse cuando el transgresor sale de los planteles de enseñanza media. De ahí es muy común que el transgresor pase a la facultad en donde servirá de sujeto de experimentación en los estudios que se realizan sobre “delincuencia latente”.
5.- EL DELINCUENTE DROGADICTO
La mayoría de los jóvenes hace de los enervantes
su línea única y específica de transgresión. Entre ellos hay quienes cometen también otros delitos, sobre todo, en el
género de la extorsión (Gargolismo, explotación de mujeres) pero su único
propósito es conseguir dinero con que proveerse de droga.
El medio ambiente de estos jóvenes reviste a la configuración de una subcultura de “vividores inmorales”. Al asociarse con adictos a otra clase de estupefacientes siguen finalidades muy complejas. El tráfico de drogas requiere todo un sistema de ayuda mutua en que los adictos se trasmiten información sobre las fuentes de abastecimientos y los medios ilícitos de contacto. Por otra parte, el sujeto que se envicia definitivamente con alguna droga “heroica”, la consecuencia será que lo expulsen de los demás círculos. El adicto a la droga se le considera como sujeto anormal del que no conviene fiarse.
Estos jóvenes casi nunca tienen de sí mismos un concepto de transgresores, sino simplemente de drogadictos. Alegan que la droga es un escape como tantos otros que se permiten a los inducidos, algo así como fumar o beber, simplemente. El drogadicto se ve en sí mismo como una persona, cuyos azares de la vida se justifican para ser drogadicto. Algunos drogadictos tienen de sí mismos una imagen de vividores; Es decir de individuos de sangre fría que saben ganarse la vida manejando el arte de la extorsión.
La postura de estos se caracteriza por inacabables protestas en contra de la sociedad que no cesa de perseguirlo y que tiene tan poco que ofrecer a personas como él.
Algunas veces son jóvenes que comienzan su carrera en el delito como simples pandilleros, pero después se alejan de su medio al ser aprendidos en el uso de la droga. El joven drogadicto continúa en su vicio hasta hacerse adulto y, una vez entonces es un heroinómano sin remedio.
En el curso de su carrera delictuosa, los drogadictos experimentan numerosos contactos con organismos judiciales y consignatarios. Por una parte pone al individuo en un tratamiento psiquiátrico donde produzca efectos rehabilita torios, cortándole el suministro de narcóticos y en segundo lugar ejerce un contacto con el drogadicto. El poder judicial, el cual contribuye directamente a la recaída del sujeto.
6.- LA JOVEN DELINCUENTE
El medio ambiente de estos jóvenes reviste a la configuración de una subcultura de “vividores inmorales”. Al asociarse con adictos a otra clase de estupefacientes siguen finalidades muy complejas. El tráfico de drogas requiere todo un sistema de ayuda mutua en que los adictos se trasmiten información sobre las fuentes de abastecimientos y los medios ilícitos de contacto. Por otra parte, el sujeto que se envicia definitivamente con alguna droga “heroica”, la consecuencia será que lo expulsen de los demás círculos. El adicto a la droga se le considera como sujeto anormal del que no conviene fiarse.
Estos jóvenes casi nunca tienen de sí mismos un concepto de transgresores, sino simplemente de drogadictos. Alegan que la droga es un escape como tantos otros que se permiten a los inducidos, algo así como fumar o beber, simplemente. El drogadicto se ve en sí mismo como una persona, cuyos azares de la vida se justifican para ser drogadicto. Algunos drogadictos tienen de sí mismos una imagen de vividores; Es decir de individuos de sangre fría que saben ganarse la vida manejando el arte de la extorsión.
La postura de estos se caracteriza por inacabables protestas en contra de la sociedad que no cesa de perseguirlo y que tiene tan poco que ofrecer a personas como él.
Algunas veces son jóvenes que comienzan su carrera en el delito como simples pandilleros, pero después se alejan de su medio al ser aprendidos en el uso de la droga. El joven drogadicto continúa en su vicio hasta hacerse adulto y, una vez entonces es un heroinómano sin remedio.
En el curso de su carrera delictuosa, los drogadictos experimentan numerosos contactos con organismos judiciales y consignatarios. Por una parte pone al individuo en un tratamiento psiquiátrico donde produzca efectos rehabilita torios, cortándole el suministro de narcóticos y en segundo lugar ejerce un contacto con el drogadicto. El poder judicial, el cual contribuye directamente a la recaída del sujeto.
6.- LA JOVEN DELINCUENTE
Las jóvenes delincuentes suelen comparecer ante los tribunales de menores por delitos de muy variada tipificación: “rechazo de autoridad”, “descarrío”, “falta a la moralidad” y “desenfreno sexual”.
Estas muchachas cometen transgresiones sexuales con sus parejas masculinas, pero no se ven envueltas en actividades de pandillaje con cómplices de su mismo sexo. Si bien es verdad que la joven delincuente prefiere asociarse con las compañeras de sus mismos hábitos, sin embargo, el grupo no llega a formar ninguna subárea de culturas delictivas.
Las jóvenes delincuentes no se conceptúan a sí mismas como tales, sino que se justifican con la idea de que tienen problemas y obstáculos muy especiales. Muchas de ellas se juzgan “aguantadoras” y capaces de soportar el trato duro de los demás. Y son también muchas las que usan un lenguaje llamativamente profano, sobre todo cuando les acontece tratar con varones.
Su más característica actitud es la hostilidad hacia sus padres y los representantes de la ley. Estas muchachas suelen tener poca empatía con los varones.
Estas jóvenes comienzan a cometer sus delitos sexuales recién pasadas de la pubertad; y luego continúan delinquiendo hasta que llegada a quedar bajo custodia o recluidas en instituciones.
Las jóvenes delincuentes se ven envueltas en muchos problemas judiciales y con el personal de las correccionales. Cuando atraviesan por dichas circunstancias suelen mostrarse hostiles y desafiantes; sin embargo, hay base para suponer que dichas experiencias no influyan negativamente, en el sentido de estimular a las transgresoras a continuar en actos delictivos.






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